Ahora también México.

Ayer les conté la historia del movimiento Cypherpunk y por qué nació Bitcoin y el resto de las criptomonedas. Del año 2010 acá las criptomonedas han pasado de ser una diversión de frikis a tener una capitalización inimaginable.

Ahora, en apenas tres días, estamos asistiendo a un fenómeno inusitado: anteayer la República de El Salvador anunció y presentó la ley que ha de convertir en breve al Bitcoin en su moneda oficial. Ayer fue Paraguay quien anunció movimientos en idéntico sentido y hoy es en México —un auténtico gigante con una población tres veces superior a la de España (127 millones de habitantes)— donde se anuncian movimientos políticos por parte de grupos del legislativo para convertir también a Bitcoin en moneda de curso legal.

Los países iberoamericanos saben bien cuál es el valor del dinero de papel que emiten los bancos centrales y conocen muy bien también qué le pasa a ese dinero cuando los gobiernos —como ahora el de Joe Biden— deciden darle fuerte a la manivela de la multicopista.

Con una cifra fija de monedas y gobernado sólo por el código que lo regula y no por cualquier gobierno que eventualmente decida cambiar las reglas del juego, Bitcoin se presenta como una solución muy deseable para todos esos países que, como los iberoamericanos, se han visto inmersos en la aparentemente indestructible lógica del dólar y del dinero fiat.

Lo que está pasando estos tres días sería el sueño que, hace apenas 11 años, soñaron los soñadores de quienes les hablaba ayer.

Pero ¿será posible? ¿acabará otra vez el dinosaurio con los soñadores?

Muy probablemente sí. Ninguna revolución triunfó a la primera, aunque en este siglo XXI las cosas van muchísimo más rápido que en ningún otro siglo de la historia. USA, China, la UE, ciertamente no van a tolerar que paises de su ámbito económico puedan hacer tambalearse su sistema de dominio económico pero…

Pero a veces los sueños son posibles.

Para quien sienta curiosidad le dejo aquí la proposición de ley que se ha presentado en la República de El Salvador. Puede ser un hecho aislado o puede ser la primera de muchas.

Lo veremos.

Cypherpunks

Muchos años antes de que existiese internet muchos hombres y mujeres la soñaron. A internet no se llegó por casualidad sino por la voluntad y el trabajo de décadas de quienes persiguieron este sueño. Sobre teorías y tecnologías construídas por hombres como Norbert Wiener («The human use of human beings»), Alan Turing («On computable numbers»), Claude Shannon (» The Mathematical Theory of Communication«), otras personas como Vannevar Bush («As we should think»), Ted Nelson (Xanadu Project), Dough Engelbart («Augmenting Human Intellect: A Conceptual Framework») y muchísimos otros, soñaron este ciberespacio en el que nosotros vivimos ahora. Lo soñaron y lo construyeron, pero también pensaron sus consecuencias para la humanidad y los principios por los que debería de gobernarse para que fuese el principio de un futuro feliz y no el de una distopía cyberpunk.

Sin embargo, mientras todas estas personas soñaban, el dinosaurio aún estaba ahí y los viejos estados decidieron que no iban a morir, que, antes de que todos los seres humanos soñasen el sueño de esos locos, ellos tomarían el control de este nuevo espacio y le impondrían las mismas viejas normas, modos y maneras de hace cinco mil años.

Muchos se resistieron, pero la guerra fue inútil, los estados fueron poco a poco avanzando en todos los frentes: en el de la propiedad intelectual, en el del control de la libertad de expresión y, sobre todo, en el control de la privacidad donde internet, una herramienta pensada para libertad, fue convertida en una herramienta para la viglancia de todos los seres humanos, incluso en sus facetas más íntimas. No dudes de que Facebook o Amazón te conocen casi mejor de lo que tú te conoces y si, Amazón, facebook, Google o Twitter lo saben casi todo de ti, no tengas la menor duda de que los estados lo saben también. Gentes como Julian Assange o Richard Snowden lo pusieron en su día de manifiesto. Ya sabes cómo reaccionaron los estados.

Fue por eso por lo que, ya en fecha tan temprana como 1992, gentes como Eric Hughes, Timothy C. May o John Gilmore comenzaron a reunirse y a gestar lo que, con los años, se acabaría convirtiendo en el movimiento «Cypherpunk».

Se llama cypherpunk a cualquier individuo que defiende el uso generalizado de criptografía fuerte y otras tecnologías de defensa de la privacidad en la red, como medio de conseguir el cambio político y social de la sociedad. Su ideario más extremo se recoge en un documento de 1993 llamado «A Cypherpunk’s Manifesto» redactado por Eric Hughes.

Frases como “La privacidad es necesaria para una sociedad abierta en la era electrónica … No podemos esperar que los gobiernos, las corporaciones u otras organizaciones grandes y sin rostro nos otorguen privacidad … Debemos defender nuestra propia privacidad si esperamos tener alguna. .. Los cypherpunks escriben código. Sabemos que alguien tiene que escribir software para defender la privacidad, y … nosotros lo vamos a escribir «; son sólo algunas de sus frases más características.

Era 1993 pero esos principios quedaron navegando por la red y muchos otros los abrazaron, de forma que, cuando en 2007-2008 los estados y los bancos llevaron a cabo la mayor depredación que ha visto la humanidad reciente con la crisis de las hipotecas, algunos de estos cypherpunks se entregaron a la tarea de programar para ofrecer herramientas a la sociedad con la que esta pudiese defenderse de los estados, de sus bancos centrales, de los fondos monetarios internacionales y los bancos mundiales. Unas herramientas que privasen a los estados de mayor y más fuerte herramienta de engaño y control que habían construido a lo largo de los siglos: el dinero. Es así como en 2009 nació Bitcoin.

Muchos cypherpunks están detrás de esta revolución, personas como Nick Szabo, inventor de los smart contracts; diseñador del bit gold, y precursor del Bitcoin; Hal Finney, criptógrafo, autor principal del programa de cifrado PGP y persona que fue (falleció en 2014 a los 58 años) la primera persona que, el 12 de enero de 2009, recibió la primera transacción de 10 bitcoins de Satoshi Nakamoto. Hal Finney fue un férreo defensor y pionero del Bitcoin (se sabe que fue quien descargó y ejecutó la primera versión de Bitcoin tras el propio Satoshi).

Junto a ellos, cientos de cypherpunks, esas personas que, porque comprenden los peligros de encierra el mal uso de la red para la sociedad quieren ser anónimas, pseudónimas o simplemente desean mantener su privacidad, contribuyeron al desarrollo de lo que hoy tomamos como una herramienta de inversión, de negocio o de divertimento.

Quizá ahora puedas intuir por qué no sabemos quiénes componen ese colectivo de personas que se ocultan tras el pseudónimo de Satoshi Nakamoto y quizá ahora puedas intuir por qué los estados siguen luchando contra conceptos como la libertad y la privacidad en internet. Seguramente, tras todo esto, también puedes comprender esa, de otra forma incomprensible, fe de muchas personas en las tecnologías criptográficas y seguramente podrás entender o intuir que la libertad, la democracia y la justicia se están decidiendo ahora en esa nebulosa nueva frontera a la que llamamos ciberespacio.

Tú estás viviendo en ese mundo que te cuento y, aunque no lo creas, es bueno que, en algún momento todos tomemos conciencia de ello.

Otra cosa no es más que tomarse la cómoda pastilla azul.

Los dueños del ágora

Son los nuevos dueños del discurso, si antes periódicos, radio y televisión partían la pana, ahora Google, Facebook y Twitter son los que deciden qué mensajes y a qué personas puede escuchar usted.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos con 80 millones de seguidores en Twitter, fue expulsado de la red y silenciado. Este mes Trump ha tratado de seguir hablando a través de su blog pero, sin la ayuda algorítmica de Twitter y Facebook, sus cifras de audiencia apenas si han superado los cien mil lectores, una cifra ridícula.

Resulta llamativo que una empresa privada, por su sola voluntad, pueda expulsar y condenar a la irrelevancia al presidente del país más poderoso del mundo.

En China las cosas funcionan de otra manera. Ninguna empresa privada podrá expulsar ni silenciar a Xi Jinping porque es él quién decide quien está o no está en las redes sociales.

Esta semana, dentro de la natural y esperable política China contra las criptomonedas, varios «influencers» chinos han sido silenciados en la principal red social del país asiático, Weibo. El régimen chino (como Twitter, como Facebook) no desea que determinados mensajes sean escuchados por la población y para evitarlo simplemente expulsa a los oradores de la plaza.

Son los nuevos dueños del Ágora, los inquisidores del santo oficio de los discursos, los señores de las palabras.

La libertad de expresión, como seguramente siempre ha ocurrido, está en manos de los estados y las grandes empresas, algo que parece extraño a un mundo que abraza cada vez más una visión distribuida del mismo.

Hay que entender las ideologías que pugnan en este momento por diseñar nuestro futuro y hay que tomar partido si no queremos que nuestros hijos vivan la vida que otros han diseñado para ellos.

La nueva frontera es electrónica y es allí donde ahora está la batalla. Si te gustan las emociones corre hacia el lugar donde suenan los tiros.

Pizza day

Pizza day

No suelo comer pizza ni pasta por razones dietéticas: evito cuidadosamente las harinas refinadas. Es por eso que, como todo lo que se come pocas veces, resulta una fiesta en las raras ocasiones que se consume y, como ayer era el «Pizza Day» me pareció que muy bien podría darme la fiesta con unos cuantos compañeros y compañeras de aventuras criptográficas.

El Pizza Day conmemora la fecha en que se llevó a cabo la primera transacción comercial con Bitcoin: el 22 de mayo de 2010 un programador llamado Laszlo Hanyecz se compró dos pizzas de Papa John por 10.000 Bitcoin. Al precio actual de Bitcoin estas serían las pizzas más caras del mundo pues alcanzarían el nada despreciable precio de más de 300.000.000 de euros.

El Siglo XXI, apenas transcurridas dos décadas, tiene ya sus tradiciones y sus celebraciones que, aunque resultan menos profundas y ancestrales que las que apreciamos en la vieja Europa, nos remiten apenas diez años atrás a los oscuros momentos del nacimiento de una nueva tecnología.

Yo, por si acaso, me coloqué mi camiseta conmemorativa del nacimiento de otra tecnología que marcó mi infancia: la astronáutica. Una camiseta que me fue remitida desde el corazón de Rusia por una mujer a quien le gustaba leer mis post sobre mujeres rusas y a quien no olvido.

Cuando vas cumpliendo años sucede que se te acumulan los recuerdos, lo cual, bien pensado, es muy bueno: siempre tienes algo que celebrar.

Código informático y código jurídico

Código informático y código jurídico

Tanto en el mundo real como en el virtual las conductas y comportamientos están regulados por códigos si bien de distinta naturaleza.

En el mundo real un contrato se celebra cuando concurren consentimiento, objeto y causa y es entonces cuando los intervinientes se transmiten cosas o realizan prestaciones en función de las obligaciones contraidas. Las obligaciones pueden incumplirse y el código puede violarse. El mundo real lo gobiernan los códigos legales.

En el mundo virtual el contrato se celebra en cuanto se presiona la tecla «aceptar» y, desde ese momento, se transmiten cosas o se realizan prestaciones independientemente de la voluntad de las partes y conforme a lo programado en el código. El código informático es determinista y no puede ser incumplido dentro de los espacios virtuales.

Este caracter determinista del código informático ha sido reiteradamente utilizado por los poderes ejecutivos para legislar de forma subrepticia esquivando el control de los órganos legislativas. Piensen, por ejemplo, que, para declarar un impuesto el sistema informático le exigirá introducir un NIF y, si usted no lo hace, el sistema informático no seguirá adelante. Poco importa que la ley le exija o no le exija a usted un NIF, si usted no lo tiene el sistema informático no le dejará seguir adelante y ahí se acabó la historia. No es que usted haya de hacer lo que dicen los códigis legales, es que usted tendrá que hacer, sí o sí, lo que exige el código informático.

En los mundos virtuales quien legisla es el programador y la ley es el código informático.

Conforme nuestra vida se desarrolla, cada vez más, en entornos virtuales o sometidos a procesos informáticos esta realidad de que nuestra vida está gobernada por los programas más que por las leyes es una realidad.

Las notificaciones de LexNet se producen en el momento en que el sistema dice que se producen y dan igual sus protestas, si el sistema dice que la comunicación se hizo en tal fecha es virtualmente imposible contradecirlo, sobre todo porque, hasta la fecha, el código que regula el funcionamiento de LexNet y el resto de los programas de la Administración de Justicia Española, no es un código legible, auditable ni verificable por aquellos a quienes benefician o perjudican sus decisiones.

La ignorancia nos hace, muy a menudo, tener en los sistemas informáticos una fe que no se fundamenta más que en el desconocimiento de sus principios de funcionamiento y esa fe es, con demasiada frecuencia, aprovechada por los señores del sistema. Creemos en la tecnología como quien cree en la magia, al menos hasta ahora, pero es ya tiempo de salir de la Edad Media, abandonar el chamanismo, y avanzar hasta la Era de la Ilustración.

Nos va en ello la libertad.

El Yuan que se nos viene

El Yuan que se nos viene

Leo, desde hace ya tiempo, con horror que China está a punto de lanzar su moneda digital de banco central (CBDC son sus siglas en inglés) y me invaden oscuros pensamientos pues el Yuan Digital (así se llama esa moneda) puede convertirse en una de las más odiosas herramientas totalitarias de que pueda disponer un estado dictatorial. Imagine usted un mundo donde, hasta la última de sus monedas esté controlada por el gobierno, donde este pueda decidir cuánto valen sus monedas, pueda expropiárselas, transferirlas sin su consentimiento o cobrarse directamente impuestos contra su voluntad. El estado, además, sabrá en qué gasta usted hasta el último céntimo y puede dejarle sin capacidad de gasto en determinadas mercaderías a su antojo.

Si el estado controla el dinero, si los pagos anónimos no son posibles, habremos instaurado una nueva forma de dictadura, dictadura contra la cual se crearon las monedas digitales pero que, como siempre, crearon una nueva tecnología que, pensada para la libertad y la democracia, los estados pueden usar con finalidades totalitarias y de control.

China y su Yuan Digital están ya en la rampa de lanzamiento mientras Europa y USA marchan con notable retraso. Si estas dos últimas potencias copian el modelo chino la democracia y la libertad estarán en peligro en todo el mundo; si, por el contrario, entienden la filosofía descentralizadora y democrática que anima las criptomonedas, fundadas en tecnologías de libro mayor distribuido y descentralización, la humanidad puede experimentar un salto cuántico en términos de libertad, democracia y eficacia económica.

Yo sé que esto que escribo a muchos les sonará a chino (como el Yuan), que otros me repetirán viejos sonsonetes, pero créanme si les digo que en este momento no se trata de hablar de si criptomonedas sí o no, porque criptomonedas va a haber, aunque solo sea el Yuan Chino, se trata de saber cómo queremos que funcionen esas criptomonedas.

Nos jugamos la libertad en ello.

Bitcoin: ¿Inversión o burbuja?

Hace menos de un mes (el 17 de diciembre) escribí un post titulado «Bitcoin a 22.000$»; hoy, apenas 22 días después, el título debiera ser «Bitcoin a 42.000». La reina de las criptomonedas en estos últimos días ha ido ganando diariamente mil dólares hasta casi doblar su valor, este es, sin duda, un fenómeno insólito, aunque no tanto como para que los blockchain believers no insistieran en que esto, tarde o temprano, pasaría.

La subida ha sido tan fuerte que ayer —por fin— el telediario de Televisión Española habló del fenómeno aunque, como siempre, vinculándolo, siquiera fuera sutilmente, a algunos aspectos negativos del mundo de las criptomonedas.

Sea como sea la pregunta ronda en la mente de todos ¿Hasta cuándo durará este rally alcista? ¿Estaremos en presencia de un cambio histórico o de una descomunal burbuja? ¿Qué hay detrás de todo esto del Bitcoin y las criptomonedas?

Vayamos por partes y tratemos de despejar las dudas una por una hasta donde seamos capaces.

Lo que hay detrás del Bitcoin y del resto de criptomonedas no es sino una nueva tecnología llamada blockchain. Esta tecnología, digámoslo groseramente, permite añadir una capa de seguridad a casi cualquier cosa que usted haga; podríamos decir que es como llevar un notario en el bolsillo, salvo que, para algunas cosas, es incluso mejor y más seguro que un notario. Si usted realiza cualquier actividad y la registra en blockchain la misma quedará inalterablemente registrada para siempre y con total garantía. Eso, obviamente, en el mundo de las relaciones humanas, ofrece un horizonte de posibilidades incalculable.

Además esta tecnología se puede implementar de manera descentralizada, es decir, los libros donde se anotan las transacciones no están en poder de una sola persona, ya sea un funcionario o un gobierno, sino que están clonados en miles de ordenadores distribuidos por el mundo (usted, si lo desea, puede hacer funcionar un nodo de bitcoin o ethereum sin demasiadas dificultades) de forma que alterar ese libro es imposible.

Esta tecnología distribuida, en manos de los usuarios y ajena al control de gobiernos y corporaciones, excita la imaginación de muchas personas, exactamente la misma imaginación que, desde el manifiesto cypherpunk, bulle en círculos de personas firmes creyentes en esta tecnología como herramienta de democratización y empoderamiento de la ciudadanía 1.

Ocurre con blockchain y el mundo de las criptomonedas lo mismo que ocurrió con internet en sus primeros años. ¿Recuerda usted cuando le decían que meter su tarjeta de crédito en internet era una insensatez? ¿Recuerda cuando le decían que internet era un mundo de pedófilos y pornografía? ¿Recuerdan cuando le decían que wikipedia era inútil y lo bueno era tener la Enciclopedia Británica?

Bien, ahora que los editores de la Enciclopedia Británica ya no la editan en papel y revistas científicas como Nature llevan a cabo estudios para determinar cuál de las dos es más fiable o qué sesgos presenta cada una2, quizá sea el momento de que repensemos esas estrategias tan a menudo repetidas por quienes ocupan posiciones de poder, ya sea económico, político o de otra especie, en el actual statu quo.

Internet fue soñada como un espacio de libertad donde compartir conocimiento del mismo modo que las criptomonedas fueron concebidas como una herramienta de libertad al margen de gobiernos e instituciones financieras. Las acusaciones que se formularon en los albores de internet y las criptomonedas respecto de ellas son asombrosamente parecidas: nido de delincuentes, drogas, pornografía, lavado de dinero… Es un truco viejísimo: cuando aparece un espacio no controlado por quienes tienen poder se acusa a ese espacio de todo lo imaginable hasta que, por fin, quienes tienen poder lo regulan para tratar de perpetuar el poder que tienen. Es una lección ya sabida pero es una estrategia que funciona y no duden que el mundo de las criptomonedas, como internet, será finalmente regulado.

Si tiene usted unos ahorros piense simplemente que va a pasar con ellos ahora que el banco central europeo está imprimiendo euros o que en los Estados Unidos se están imprimiendo dólares intensivamente.

Cuando se imprimen billetes (una decisión exclusiva de los gobiernos) el dinero que usted tiene pierde valor. Esta es una ley viejísima y es de las pocas leyes indiscutidas en economía. Se llama la teoría cuantitativa del dinero. Ésta sostiene, en su forma más elemental, que, en igualdad de todo lo demás, los precios varían en relación directa con la cantidad de dinero en circulación3.

Es por eso que muchos ahorradores han buscado para su dinero un lugar donde sus ahorros no pierdan valor. Muchos han comprado oro, pero otros, simplemente, han comprado bitcoin. ¿Por qué?

Muchos son los factores que acteditan a Bitcoin como un valor refugio. El primero es que no está en manos de los gobiernos que, por esto, no pueden imprimir (minar) tantos cuantos bitcoins deseen. Bitcoin, por diseño, no es controlable por ningún gobierno y no es regido por ningún otro código que no sea su código informático. Si en los billetes de dólar puede leerse la expresión «In God we trust», no tengan la menor duda de que en la mente de los bitcoin believers está grabado el motto «In code we trust».

Por extraño que parezca los ahorradores quieren valores seguros y antes confían sus ahorros a un código informático objetivo o a un metal que los gobiernos. Esto debiera darnos mucho que pensar sobre la calidad de nuestras instituciones políticas.

En segundo lugar un aspecto muy llamativo y que ha atraido a muchos inversores ha sido la «finitud» del Bitcoin. Por definición,por sistema, por código, jamás podraán minarse más de 21 millones de bitcoins (y ya vamos por 18 y medio) de forma que los peligros de gobernantes aficionados a imprimir billetes no exist en esta plataforma que, así definida, se presenta como un reemplazo maravilloso del oro.

La potencialidad de esta nueva tecnología llamada blockchain, mejor representada a mi juicio por plataformas como Ethereum que por el propio Bitcoin, es difícilmente imaginable y su adopción por la sociedad es simplemente cuestión de tiempo. Apostar, pues, por esta tecnología es apostar a caballo ganador, ahora bien, ¿la mera compra de criptomonedas es una forma de apoyar o apostar por esta tecnología?.

Visto todo lo anterior es obvio que no podemos hablar de un único factor que esté empujando a la adopción de esta tecnología por empresas importantes y por un, aun pequeño pero significativo, grupo de particulares. Son muchos los factores que convergen para impulsar el uso de estas tecnologías: desde el meramente utilitario, al especulativo, al financiero o incluso al filosófico-político.

Las razones, pues, para invertir en criptomonedas son tantas y tan variadas que creo que no necesito exponerlas aquí, pueden encontrarlas facilidad en cualquier url especializada; de lo que sí quiero ocuparme hoy es de esa «ventaja» que está de moda en estos días: invirtiendo en Bitcoin se está ganando mucho dinero.

Déjenme que les cuente una historia.

Hace poco me visitó una persona interesada en comprar criptodivisas y me consultó mi opinión.

—¿Por qué quiere usted comprar? (Le pregunté).

—Bueno, están subiendo mucho y temo perderme esta oportunidad de ganar dinero.

Me sentí obligado a leerle unas palabras del famoso economista John Kenneth Galbraith, una de las figuras señeras del siglo XX y, me parecen tan esclarecedoras, que creo que no debo resistirme a reproducirlas aquí:

«La especulación se produce cuando la gente compra bienes, siempre apoyados por algún mito convincente, porque esperan que sus precios subirán. Esta esperanza y la acción resultante sirven para confirmar la expectativa. De hecho, la realidad no es lo que el bien en cuestión —terrenos, productos agrícolas, acciones o compañías de inversión— ganarán en el futuro. Lo que ocurre es que un número suficiente de personas espera que el objeto de la especulación aumentará de precio, y esto atraerá a más gente y hará que se cumplan las esperanzas de aumentos ulteriores. Este fenómeno es de una sencillez extraordinaria, pero sólo puede durar mientras los precios aumenten de veras. Si algo grave interrumpe la elevación de precios, las esperanzas que mantenían el alza se pierden o se debilitan grandemente. Todos los que confiaban en un alza posterior —que son todos menos los crédulos y magníficos optimistas, de los que hay siempre una buena cantidad— tratan de salirse de la operación. Y tanto si el alza anterior fue rápida como si fue lenta, la baja resultante es siempre vertical. De aquí la semejanza con el diente de sierra o con la rompiente de la ola. Y así terminaron la especulación y la consiguiente expansión económica en todos los años de pánico desde 1819 hasta 1929.»

—Bien (le dije) creo que podemos convenir sin molestarnos demasiado en que usted quiere comprar criptomonedas con fines especulativos. Pero no me entienda mal, especular no es un crimen, lo que es insensato es hacerlo más allá de un cierto margen. Recuerde usted que el crack bursátil del 29 se produjo debido a la histérica compra de acciones merced a créditos bancarios garantizados con las propias acciones a comprar con esos créditos y, sin irnos tan lejos, es también eso exactamente lo que ocurrió en España del 2000 al 2007: sobre el mito alimentado por los bancos de que las viviendas jamás bajaban de precio la población solicitó créditos para comprar viviendas que garantizó con la propia vivienda comprada; y, no ya para el natural y razonable objetivo de tener una casa donde vivir, sino que especulando con esa mítica sempiterna subida de precios, se dieron «pases» por particulares y espontáneos del negocio inmobiliario mientras que, a mayor escala, constructores ávidos se dedicaron a la promoción desaforada y vino la especulación, la corrupción y todo eso que usted no necesita que yo le explique porque lo hemos vivido ambos.

Mire —le dije para concluir— yo no tengo por qué decirle dónde debe usted gastarse su dinero pero, por lo que valga, le doy el siguiente consejo: jamás especule a crédito, es la mejor manera de terminar mal.

—¿Bueno, pero cuánto va a durar esta subida?

Al oir su respuesta supe que estaba ante un caso agudo de «FOMO»4 y decidí contestarle con sinceridad:

—Eso no lo sabe nadie.

El hombre no pareció quedar contento y como tengo la mala condición de no ser parco en palabras, me extendí, quizá, hasta donde no debiera haberme extendido lo cual, quizá, no sea bueno para la calidad de mis relaciones humanas pero, en cambio, me sirve para escribir post como este.

—Mire, le dije, si el precio estuviese subiendo a impulsos de personas como usted yo no tendría la menor duda de que estamos en presencia de una burbuja. Tras su decisión de compra no hay maás fundamento que la creencia en que estos valores subirán porque así lo creen otros compradores. Eso es especulación de manual, eso son, con perdón, tulipanes.

Ocurre sin embargo que no es usted ni gente como usted quienes están haciendo subir la cotización del bitcoin, son grandes compañías y conglomerados financieros los que están comprando masivamente, compañías como Grayscale o Microstrategy… Los bitcoins no están en manos de muchos pequeños ahorradores, no, el 95% de los bitcoins se concentra en manos de muy pocas personas y corporaciones.

Claro que eso no obsta a que esta pudiera ser una hiperburbuja propulsada por empresas que especulan. Salvo que…

—¿Salvo qué? (Me dijo, con ansiedad)

—Salvo que a lo que estemos asistiendo sea al crecimiento propio de la curva de adopción de esta nueva tecnología que no finalizaría en bastante tiempo o, mucho más probablemente, a una mezcla de todas las razones y causas que le he contado.

—Pero entonces ¿Inversión o burbuja?

—Pues lo que le dije, nadie lo sabe. Y, como nadie lo sabe, sólo le propongo que haga las cosas con prudencia: entre en este mundo, diviértase, descubra nuevos mundos y nuevas formas de pensar, pero, por lo que valga, recuerde el consejo que le di, emplee siempre lo que le sobre y lo que no necesite. Puede apostar que blockchain será el futuro, pero no debe apostar su futuro y el de su familia al bitcoin. Prudencia, pues.


  1. Curioso resulta que una reivindicación sustancial del «Manifiesto Cypherpunk» de 1993 contuviese una clara demanda de herramientas como las criptomonedas y llama la atención como todos aquellos cipherpunks son, en buena medida, las oersonas que contribuyeron no solo a dar a luz a internet sino a esbozar el nuevo cuadro de valores que deberían informar a la sociedad de la información. Uno de los pasajes del manifiesto decía textualmente: «…an open society requires anonymous transaction systems. Until now, cash has been the primary such system. An anonymous transaction system is not a secret transaction system. An anonymous system empowers individuals to reveal their identity when desired and only when desired; this is the essence of privacy. Privacy in an open society also requires cryptography.»
  2. Britannica
  3. Galbraith, John K. «El dinero: de dónde viene y a dónde va».
  4. Síndrome FOMO

El hígado de las finanzas

El hígado de las finanzas

Las profecías suelen llevar en sí mismas su propio cumplimiento cuando todos creemos en ellas. Es decir, si uno profetiza tiempos de escasez y la necesidad de ahorrar y no gastar nada, es probable que, si creemos al profeta, dejemos de comprar y que el comercio se resienta y el ahorro desmesurado provoque una recesión aunque sea temporal.

Es por eso que los profetas son tan necesarios como peligrosos porque, cuando creemos en ellos, realizamos cosas que pueden oscilar entre la genialidad y la catástrofe. Hombres y mujeres que pensaban que un carpintero de Nazaret era el hijo de dios levantaron la catedral de Burgos, pero hombres y mujeres que se creyeron la raza superior también sabemos lo que hicieron.

Un campo donde abundan las profecías autocumplidas es el del analisis chartista de las cotizaciones bursátiles o de las criptomonedas. Del mismo modo en que los viejos arúspices leían el hígado de las reses sacrificadas estos modernos profetas creen ver en las gráficas «figuras» y patrones que les permiten anticipar -dicen ellos- el comportamiento de los mercados; una de las figuras más conocidas es la del «doble tope». Se supone que cuando la gráfica hace tope dos veces y baja hasta rebasar la línea que marca el fondo del valle es momento de esperar nuevas bajadas. Esto es el llamado «doble tope», figura que yo, por cierto, veo por todas partes.

Es posible que lo que dicen estos gurús sea absolutamente falso pero es lo cierto que, como muchísima gente cree en ellos, sus profecías se autocumplen y no es infrecuente que cuando los inversores observan la figura de marras se apresuren a obrar en consecuencia.

Esto es muy parecido a lo que ocurre con las supersticiones: dado que el 13 es generalmente considerado como un número de mal agüero en muchos hoteles no hay habitación ni planta 13. Lo del 13, obviamente, es una gilipollez pero, el mero hecho de que lo crea una parte importante de la población, tiene efectos tan curiosos como el que les he citado.

La costumbre de no trabajar un día a la semana es otra de esas profecías autocumplidas, fíjense:

Para los babilonios los días 7, 14 y 21 del mes eran «nefas» (de mal agüero) y, por tanto, inapropiados para llevar a cabo ninguna tarea. A esos días en que no hacían nada por ser de mal agüero les llamaron «shabatu» de forma que los judíos, durante su cautiverio en Babilonia, copiaron la costumbre, la dotaron de origen divino y llamaron Shabat a esos días de forma que, cuando volvieron a su tierra tras el exilio, respetar el Shabat se volvió uno de los rituales clave de su religión, ritual que, luego, fue copiado por otras religiones.

Yo acabo de ver «dos topes» en la gráfica de cotizaciones del bitcoin (igual es imaginación mía o no estoy mirando bien el hígado de la criptomoneda) y he formulado mi pronóstico.

Veremos si se cumple.

Los nuevos astrólogos

Los nuevos astrólogos

Antes los arúspices examinaban las entrañas de los animales para adivinar el futuro, los augures analizaban el vuelo de las aves y los astrólogos la posición de los astros; con ello se aventuraban a predecir el futuro si bien sus pronósticos, como los del oráculo de Delfos, solían ser lo suficientemente crípticos como para que el destinatario de los mismos nunca pudiese estar del todo seguro del sentido de la predicción.

No es extraño, si hay algo difícil es realizar predicciones de hechos futuros, tanto que, sin apoyo del método científico, tal labor es un puro engaño. Es por eso que los farsantes dedicados a las artes adivinatorias («mancias») rodeaban sus predicciones de un aparato pseudocientífico que podía ir desde el análisis del hígado de una vaca muerta a pimplarse —previa observación de sus características organolépticas— una buena dosis de vino («enomancia»); arte adivinatoria esta muy usada hoy por una legión de farsantes que ya no es que se muestren incapaces de adivinar el futuro en el vino, sino que son incapaces de advininar la uva de que está hecho.

Pues bien, la nueva mancia es el análisis de las curvas de los mercados financieros. A esta nueva mancia (quizá debamos llamarla «kampilymancia» por darle un toque grecolatino) se pliegan multitud de agentes económicos y participa de las viejas mancias en lo abstruso de su lenguaje y en una amplitud tal de sus predicciones que lo mismo sirve para predecir un crack bursátil que una subida generalizada en los mercados.

Si antes eran Marte o Ceres las deidades a observar ahora es el dios dinero. Déjenme que les ponga un ejemplo de una de esas predicciones:

Bitcoin (BTC) superó la barrera de los USD 19,000 el 24 de noviembre y está tratando de subir lo poco que le falta para alcanzar la marca de los USD 20.000. La formación de un patrón de velas Doji el día de hoy sugiere que los alcistas dudan si comprar agresivamente en los niveles actuales. Sin embargo, la buena noticia es que los alcistas no han permitido que el precio caiga, ni siquiera a la media móvil exponencial de 20 días (USD 17,095), desde que comenzó la tendencia alcista el pasado 8 de octubre. Esto demuestra que los alcistas están comprando hasta en las caídas más pequeñas.

Rakesh Upadhyay «Cointelegraph» nov. 25, 2020

Los nuevos augures, en lugar de observar el vuelo de los pájaros, observan las formas que dibujan las curvas de los mercados y así, a cada patrón, le asignan significados y nombres diversos: velas Doji, cabeza-hombros, mechas…

Con esos patrones en mente los augures tratan de predecir la evolución de los mercados del mismo modo que los antiguos advinos, es decir, a través de profecías abstrusas y lo suficientemente ambiguas como para que sirvan de apoyo para una predicción y su contraria.

Esta madrugada ha bajado el bitcoin con fuerza en una caída no predicha por nadie ayer y, hoy, ya aparecen los adivinos del pasado explicando por qué está pasando lo que está pasando, cosa que, pienso yo, si hubiesen hecho ayer, habría estado mucho mejor.

Según avanza la mañana bitcoin fluctúa y todos los adivinos actualizan sus predicciones para actualizar su explicación del pasado. Es curioso cómo viejas técnicas de hace 8.000 años aún siguen funcionando en la actualidad, han cambiado el hígado de la vaca por curvas de precios pero el proceso, en conjunto, no ha cambiado lo más mínimo.

Este año subió bitcoin en una subida imprevista y hoy, a esta hora, baja (de forma ya no tan fuerte como esta madrugada) de forma también imprevista. A la hora de la verdad, en los asuntos del futuro ajenos al determinismo científico, nunca existen predicciones sino post-dicciones ni tampoco hay profetas sino post-fetas.

La posesión de la cultura

La posesión de la cultura

Si en algo ha estado de acuerdo la humanidad a lo largo de los siglos es que la cultura y el conocimiento eran el primer motor de progreso para la especie humana. No es raro, por tanto, que fuesen muchas las personas que trataron de almacenar y preservar todo el conocimiento del mundo por el bien de la especie humana.

Quizá el primero en hacerlo fue un zagal de Cartagena, Isidoro, luego obispo de Sevilla, quien, al escribir sus «Etimologías» escribió la primera enciclopedia del mundo, única compilación del saber humano hasta la aparición, mucho más de mil años después, de la enciclopedia de Diderot y D’Alembert. (En la primera foto un incunable de las «Etimologías» de Isidoro).

Aunque legislaciones poco convincentes trataron de establecer derechos de propiedad sobre parcelas del conocimiento (patentes de medicamentos o de software) a los juristas eso nunca pareció preocuparles pues, nuestro trabajo, se basa en el aprendizaje, cita y análisis de opiniones y textos jurídicos ajenos. Si algún juez del Tribunal Supremo exigiese derechos de autor por citar sus sentencias sería sin duda millonario, pero la sociedad no funciona así; en el mundo forense las únicas piezas literarias a las que la ley reconoce derechos de propiedad intelectual son los informes forenses de letrados y letradas. No es, por eso, extraño que fuesen dos abogados belgas, Paul Otlet y Henri La Fontaine, unos de los más tenaces activistas en la filantrópica tarea de almacenar todo el conocimiento del mundo y lo hicieron conforme a un sistema racional de organización llamado la «Clasificación Decimal Universal» (CDU) con arreglo al que reunieron una ingente cantidad de datos en un archivo llamado «Mundaneum» (la segunda de las fotografías).

En la era de la información esta inclinación del ser humano por acaparar y compartir datos, por difíciles de conseguir que sean, puede ilustrarse (foto 3) con los servidores del CERN (Centro Europeo de Investigación Nuclear) lugar en el cual Tim Berners Lee inventó el lenguaje «html» para poder compartir e interrelacionar conocimiento dando así origen a la web que hoy ocupa nuestras vidas.

Sin embargo, si hay un lugar donde se organiza y acumula conocimiento es en Google, una industria privada a donde acudimos a buscar el conocimiento que necesitamos, pero, sorpresa.

Las fotografías dos y tres son de un fotógrafo, Philippe Braquenier, un profesional que ha dedicado parte de su vida a documentar gráficamente los lugares donde la humanidad almacena sus conocimientos.

Braquenier nunca tuvo dificultad en acceder a lugares secretos (incluso a uno de los búnkeres suecos de la segunda guerra mundial donde wikileaks guarda sus datos) pero uno, precisamente Google, le negó la entrada afirmando que nunca nadie había tebido acceso y nunca nadie lo tendría. La única foto que pudo tomar es la que ven en cuarto lugar.

Para pensar.