Saber cómo colocar correctamente en un texto las comas, puntos y comas y otros signos, le ha costado milenios a la humanidad y es por eso que no debieramos despreciar tales normas y colocar las comas, puntos, dos puntos, guiones y puntos y comas como mejor nos parezca.

De una coma puede depender el futuro de muchas personas y, si no me creen, fíjense en el ejemplo que voy a ponerles.

Es en el bíblico libro de Isaías donde, en hebreo, se contiene la siguiente expresión:

«Yo soy la voz que clama en el desierto allanad los caminos del Señor».

La traducción literal no es así pero, como esta perícopa es famosa en la forma que la he transcrito, así la dejaremos. En lo que sí me importa que se fijen es en que, en hebreo antiguo, no había signos de puntuación —y a menudo ni siquiera espacios entre las palabras— de forma que el texto podría traducirse así, sin signos de ninguna especie y, esto, genera un grave problema porque ¿qué nos quiere decir el texto?

Para los antiguos judíos no había ninguna duda de dónde iba la pausa y cuál era el sentido de la frase:

«Yo soy la voz que clama: en el desierto allanad los caminos del Señor». («…haced una vereda a Yahweh» o «…preparad un camino a Yahweh»)

Para los modernos cristianos la pausa va en otro lugar:

«Yo soy la voz que clama en el desierto: allanad los caminos al Señor».

Como podemos ver el sentido cambia por completo, en el primer caso la voz clama que se hagan caminos en el desierto; en el segundo caso es una voz que clama en el desierto la que pide que se hagan caminos al Señor sin indicar dónde.

Para los antiguos judíos no había dudas porque ellos ya sabían de qué pie cojeaba Yahweh. Yahweh era un dios al que los israelitas habían conocido en el desierto cuando ellos eran sólo un pueblo de beduinos que andaba con sus rebaños de un lado para otro. Era por eso que Yahweh, si había de aparecerse a alguien en algún lugar siempre era en el desierto y, por eso, si querías estar a solas con dios debías ir al desierto. A Yahweh le gustaba el desierto y los pastores y detestaba las ciudades, las casas y los agricultores. Por eso, en el Génesis, Caín, el malvado, es agricultor, mientras que Abel, el bondadoso, es pastor, que es como a Yahweh le gusta que sean los hombres. Es por eso también que, cuando hay que ir a estar en contacto con dios, los buenos israelitas se van al desierto y así lo hacen Elías, Juan el Bautista y el propio Jesús durante cuarenta días y cuarenta noches; pero, sobre todo, lo hace la comunidad esenia de Qumram que sabe muy bien que donde hay que hacerle un camino a Yahweh es en el desierto.

Todavía hoy los judíos celebran la fiesta de los tabernáculos donde, viviendo en tiendas, recuerdan que ellos son no más que un pueblo de pastores beduinos y es por eso que, cuando en Jeremías 35 el rey invita a los recabitas a dormir bajo techado, ellos le dicen que nanay, que ellos no duermen más que bajo las estrellas o sus tiendas. Es por eso también que, cuando Jesús nace en Belén —un pueblo cercano a Jerusalén—, no van a adorarle los vecinos de la aldea o los agricultores, sino los pastores, porque Yahweh es un dios muy consecuente con aquello que le gusta y no iba a permitir que acudiesen a adorar a su hijo unos hortelanos incapaces de pastorear vacas o dormir al raso.

Tras todo esto judíos y cristianos es obvio que entienden la Biblia de manera diferente, al menos esta perícopa de Isaías que suele citarse a propósito de su invocación por San Juan Bautista. Como Juan Bautista predicaba en el desierto (y ahora ya sabes por qué) para los cristianos la voz pasó de ser «la viz que clama» a ser la voz «que clama en el desierto» lo que le añadía al texto un sentido desesperanzado, un claro indicio de que la voz desértica no sería oída y es este el sentido con el que se usa hoy esta expresión cuando decimos lo de «soy una voz que clama en el desierto».

Y todo por culpa de una pausa, de una coma, de unos dos puntos. Por la falta de un solo signo ortográfico ahora desconocemos que para los israelitas el desierto no era solo un espacio físico, sino teológico; nos cuesta entender por qué tantas personas marcharon a Qumram o por qué al Caín agricultor le tocó ser malo y al Abel pastor bueno.

Y ahora que voy llegando al final pienso en cuántas comas habré omitido o habré puesto de más en este texto… Pero, si Isaías no puso ninguna ¿no puedo yo equivocarme en alguna?

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