No podemos llevar sobre nuestra espalda todos los pecados del mundo y, por eso, lo mejor es que los lleve otro. Este invento es tan viejo como la humanidad y una de sus formas más refinadas es la que prescribe el mismísimo Yahweh, dios de Israel, en Levítico 16:

«Acabada la expiación tanto del Santuario como de la Tienda del Encuentro y del altar, Aarón presentará el macho cabrío vivo. 21 Con las dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, confesará sobre él las iniquidades y delitos de los hijos de Israel, todos sus pecados; se los echará encima de la cabeza al macho cabrío, y después, con el hombre designado para ello, lo mandará al desierto. 22 Así el macho cabrío se lleva consigo, a región desierta, todas sus iniquidades. El encargado soltará el macho cabrío en el desierto.»
(Levítico 16)

Es decir que, si hemos de creer al Antiguo Testamento, fue el propio Yahweh el que inventó la figura del «Chivo Expiatorio» y, ahora que digo chivo expiatorio, no puedo dejar de acordarme del cliente de un amigo que, harto de mediar entre su hermana y su cuñado que andaban peleados y en trance de divorcio, tras mucho ir de acá para allá llevando y trayendo propuestas de arreglo y escuchando y transmitiendo con paciencia los mensajes que uno y otro le daban, se sentó ante mi amigo abogado y le dijo:

—Estoy harto de hacer el papel de Chivo Explicatorio.

Quién sabe si no tenía razón.

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