¿Tanatorio o sala de vistas?

Una de las puertas que ven aquí es de una sala de vistas, la otra es de una sala de un tanatorio.

Fue mi amiga Mmar Florenciano Conesa —que tiene bastante pesquis para estas cosas— la que me descubrió la similitud estética entre estos edificios. Hay, como verán, algunas diferencias a favor del tanatorio como, por ejemplo, el monitor que hay al lado de la puerta y que puede ofrecer información valiosa al usuario.

Esta estética tanatorial de las salas de vistas podría tomarse a broma si no fuese porque no solo es producto del dudoso gusto de sus diseñadores sino porque ilustra perfectamente una clara y deliberada voluntad de incumplir la ley, señalando, al mismo tiempo, su desprecio por los administrados.

El diseño de estas salas, ajeno a cualquier exigencia legal y a la más mínima «perspectiva de administrado», impide no solo el cumplimiento de la ley (separación de testigos, partes, etc.) sino que inflige a los usuarios daños y padecimientos intolerables: familias de víctima y victimario juntos en la misma sala, espesas esperas ante la misma puerta de perjudicados junto al presunto culpable, facilidad de presiones a coacusados y testigos… Todo porque alguien decidió que las salas de vistas habían de ser más sobrias que funcionales.

Es llamativo que no suele faltar en estas salas de vistas una puerta especial para el juez (ninguna ley impone esto) pero en muchos juzgados no existen puertas por donde ciudadanos esposados puedan ser conducidos a la sala sin ser exhibidos a la pública vergüenza de ser paseados con los grilletes puestos, ni existen salas ni puertas que permitan que los testigos no comuniquen o simplemente esperen sin temor a ser presionados o, incluso, sin tener que sentir la ominosa presencia de la familia y amigos de su victimario. Que quien ha diseñado esta sala no ha pensado en absoluto en los administrados es más que evidente.

Podría extenderme mucho más pero, si lo hago, me voy a enfadar más de lo necesario; permítanme, pues, constatar simplemente que tiene razón mi amiga: la estética de las salas de vistas es de tanatorio y, quizá —añadiré yo— no venga mal a una justicia moribunda.

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