Dicen que el del cisne al morir es el canto más bello y, mientras esta tarde abría un sobre de correo postal que me llegaba de Donosti, esa idea me ha emoezado a rondar por la cabeza.

Entenderán ustedes que en estos tiempos uno ya no recibe más correo postal que los requerimientos del banco y que, recibir una carta de un ser humano, ya es algo extraordinario; pero mucho más lo es que, en ese sobre, vengan dos postales manuscritas de San Sebastián, una de las ciudades más bellas del mundo.

Manuscritas, sí, han leído ustedes bien.

En estos tiempos en que las postales han muerto a manos de Instagram y la caligrafía ha sido incinerada por la infame letra arial de microsoft, lo que he experimentado yo hoy, probablemente, sea el canto del cisne del correo postal.

Cuando mi amigo Joaquín ha visto lo que yo estaba leyendo me ha dicho:

—Léela despacio, probablemente será la última postal que recibas.

Y es probable que tenga razón, pero, si eso es así, esta será, como el último canto del cisne, la postal más bella.

Junto a la postal viene un CD con marchas y músicas de la tamborrada de San Sebastián que ahora, mientras escribo esto, estoy escuchando.

Pero de esas músicas y de los granaderos y cocineros de Donosti hablaremos otro día porque, esa, es otra historia y otro post.

Muchas gracias compañera, tu tinta huele a afecto.

5 comentarios en “El canto postal del cisne

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