Vuelvo a casa y mientras camino por una de las dudosas aceras de la calle de La Serreta veo venir hablabdo animadamente a dos muchachos. Cuando están a una distancia tal que puedo oír sus palabras escucho que uno le dice a otro:

—Por que tu madre será una santa, pero tú eres muy hijoputa.
—¡Ya te digo! (Responde el otro)

Y los dos comienzan a reir a carcajadas.

Me sonrío y vuelvo a reflexionar sobre lo barrocas que son las personas del sureste al insultar o ser groseros. No se trata de insultar con una palabra o frase. La construcción sujeto-verbo-predicado no parece ser suficiente para alguien nacido en la amplísima carthaginense; siempre es preciso añadir algún complemento circunstancial de lugar o de tiempo que ahonde en el insulto o lo suavice.

Salvando la honra de la madre de su amigo la frase del chaval que he transcrito antes más que insulto podría hasta ser elogio. Ser “muy hijoputa”, mientras tu madre sea una santa, nunca es malo del todo. Lo mismo pasa con las referencias a los ancestros.

Contaba con gracia inigualable un marrajo eterno (que, además, fue conserje de la plaza de toros de Cartagena), un episodio hipotéticamente ocurrido entre los judíos californios hace ya muchísimos años y que concluía con un soldado romano muy enfadado gritando:

—¡Pilatos! ¡Me voy a cagar en tus muertos más recientes!

La precisión temporal del “más recientes” es lo que carga la frase. Si los ancestros son remotos el insulto escuece poco, para hacerlo más eficaz es preciso concretarlo en el tiempo.

Es verdad que, gracias a Pérez Reverte y sus artículos periodísticos esta peculiar forma de hablar se ha hecho muy popular últimamente, tanto que, incluso fuera de la carthaginense, la invocación del melífico eremita San Apapucio (o Apapurcio, que de ambas formas se le conoce) puede ya ser escuchada.

Apapucio, un santo vergonzantemente olvidado por la iglesia católica y autor de un sólo milagro (que, por resultar un tanto escabroso, me permitirán que no les cuente), es personaje de gran devoción en la carthaginense pero, gracias a Don Arturo, va alcanzando en el resto del mundo la fama que merece este notario de las causas imposibles.

—¡Tu madre será una santa pero tú eres muy hijoputa!

Hay que reconocer que es toda una creación literia.

Un comentario en “Composiciones barrocas

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