Entender la historia antigua de Canaán, de Palestina, de Judea, es una de las mejores formas de aproximarse a los sucesos que dieron lugar a los hechos sobre los que se fundan las creencias vitales de unos dos mil quinientos millones de personas.

¿Sabemos en realidad cuál era la situación política del lugar en que suceden los hechos narrados en los evangelios al momento de ocurrir aquellos?

Creo que no y simplemente recordarlos nos abre sugerentes hipótesis sobre otras posibles interpretaciones de la historia narrada en los evangelios. Veámoslo.

A la muerte de Herodes I el Grande, rey vasallo de Roma (Judea no era todavía provincia romana sino un estado títere) sus tres hijos se repartieron el reino:

Su hijo Herodes Arquelao se quedó como etnarca de Judea, Samaría e Idumea (Edom) una zona al sur del Mar Muerto.

Su otro hijo, Herodes Antipas, recibió la tetrarquía de Galilea (la patria teórica de Jesús, pues Nazaret estaba en Galilea) y Perea.

Y a otro de sus hijos, Herodes Filipo II, le fue concedida Iturea y Traconítida.Ocurrió, sin embargo, que Herodes Arquelao se reveló pronto como un auténtico inepto y por ello el emperador Augusto lo destituyó en el año 6 y convirtió su etnarcado (Judea, Samaría e Idumea) en una provincia romana. Fue en ese momento cuando Augusto mandó realizar el censo a que parece hacer referencia alguno de los cuatro evangelios.

Así pues, durante la vida de Jesús y de Juan el Bautista el mapa político de la región es el que ven en la fotografía. La zona verde, el antiguo etnarcado de Herodes Arquelao, es ya provincia romana; las zonas fucsias son Galilea (lugar de origen de Jesús y Juan el Bautista) y Perea y son estados vasallos de Roma pero bajo el mando del rey Herodes Antipas; la zona marrón es el reino del buen rey Herodes Filipo II; y la zona amarilla es una confederación de ciudades fundada por Pompeyo unas décadas antes, la Decápolis, un auténtico crisol de naciones pero donde las comunicaciones estaban gestionadas principalmente por los nabateos (recuerda Petra).

¿Y qué nos dice esto?

Bueno… Nos dice mucho si sabemos leer con detenimiento.

Es bueno recordar, para empezar, que el primer evangelio escrito es el de Marcos, un evangelio que, curiosamente, no nos habla como sí hacen Mateo y Lucas del nacimiento de Cristo. El evangelio de Marcos comienza con un hecho de singular importancia: el bautismo de Jesús por Juan el Bautista en el Río Jordán.

¿Y quién era este Juan el Bautista? Pues era una pesadilla política para el gobernador de aquél país: Herodes Antipas.

Herodes Antipas, rey de Galilea, para congraciarse con el nuevo emperador Tiberio, había llamado a la capital de su reino Tiberias (Tiberiades) nombre que, sin duda, ya les irá situando a ustedes. Herodes, ciertamente, se había ganado las simpatías de Tiberio pero su vida sexual no fue del gusto de todos. Porque Herodes Antipas se enamoró de su sobrina, la cual, para mayor escándalo estaba casada con el rey de los nabateos (recuerda Petra) y todo esto no sólo le atrajo las iras del este rey (que a punto estuvo de masacrarlo si no llega a ser por la intervención de los romanos) sino que además le atrajo las enfurecidas críticas de un tipo llamado «Juan el Bautista».

Herodes Antipas, viendo cómo Juan el Bautista se convertía en un líder para el pueblo y cómo una buena parte de la población le seguía fanáticamente, decidió descabezar la sublevación desde el principio y apresar a Juan el Bautista y encarcelarle en la impresionante fortaleza de Maqueronte.

Veamos cómo nos cuenta lo ocurrido el historiador judío-romano Flavio Josefo (los textos entre corchetes son aclaratorios):

«Pero algunos judíos creían que el ejército de Herodes fue destruido por Dios: realmente, en justo castigo de Dios [a Herodes] para vengar lo que él había hecho a Juan, llamado el Bautista.Porque Herodes lo mató, aunque [Juan] era un hombre bueno y [simplemente] invitaba a los judíos a participar del bautismo, con tal de que estuviesen cultivando la virtud y practicando la justicia entre ellos y la piedad con respecto a Dios. Pues [sólo] así, en opinión de Juan, el bautismo [que él administraba] sería realmente aceptable [para Dios], es decir, si lo empleaban para obtener, no perdón por algunos pecados, sino más bien la purificación de sus cuerpos, dado que [se daba por supuesto que] sus almas ya habían sido purificadas por la justicia.Y cuando los otros [esto es, los judíos corrientes] se reunieron [en torno a Juan], como su excitación llegaba al punto de la fiebre al escuchar [sus] palabras, Herodes empezó a temer que la gran capacidad de Juan para persuadir a la gente podría conducir a algún tipo de revuelta, ya que ellos parecían susceptibles de hacer cualquier cosa que él aconsejase. Por eso [Herodes] decidió eliminar a Juan adelantándose a atacar antes de que él encendiese una rebelión. Herodes consideró esto mejor que esperar a que la situación cambiara y [luego] lamentarse [de su tardanza en reaccionar] cuando estuviera sumido en una crisis.Y así, a causa del recelo de Herodes, Juan fue llevado en cadenas a Maqueronte, la fortaleza de montaña antes mencionada; allí se le dio muerte.»

Flavio Josefo “Antigüedades Judías”

Ocurre sin embargo que, como todos sabemos, entre los seguidores de Juan el Bautista estaba un tal Jesús de Nazaret, a quien Herodes Antipas no tuvo ocasión de apiolar… Por el momento.

Porque en la tercera década del siglo I los evangelios, ahora sí todos concordantes, nos cuentan la historia del ajusticiamiento de ese Jesús de Nazaret (un galileo y por ganto súbdito de Herodes Antipas) ocurrida en un Jerusalén al que habían acudido miles de judíos por la Pascua, pero no sólo judíos de Judea.

A Jerusalén había acudido con motivo de la festividad el gobernador romano, Poncio Pilato, cuya capital no estaba en Jerusalén sino en Cesárea Marítima (Samaría). En la capital estaba Caifás, el Sumo Sacerdote y a la capital había acudido también, como judío, Herodes Antipas… el rey de Galilea.Y es en esa Pascua cuando Jesús de Nazaret, seguidor y bautizado por Juan el Bautista, se presenta también en Jerusalén armando jaleo.Sabiendo lo anterior podemos volver a releer la historia contenida en los Evangelios y ahora observaremos matices nuevos en ella sin duda muy interesantes.Nunca conviene sacar las cosas fuera de contexto y para interpretar mejor las cosas es siempre bueno dar contexto a las mismas.

Hoy me apetecía escribir esto, no sólo para dar contexto, sino porque escribir es un buen método para evitar que las cosas se olviden.

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