Las profecías suelen llevar en sí mismas su propio cumplimiento cuando todos creemos en ellas. Es decir, si uno profetiza tiempos de escasez y la necesidad de ahorrar y no gastar nada, es probable que, si creemos al profeta, dejemos de comprar y que el comercio se resienta y el ahorro desmesurado provoque una recesión aunque sea temporal.

Es por eso que los profetas son tan necesarios como peligrosos porque, cuando creemos en ellos, realizamos cosas que pueden oscilar entre la genialidad y la catástrofe. Hombres y mujeres que pensaban que un carpintero de Nazaret era el hijo de dios levantaron la catedral de Burgos, pero hombres y mujeres que se creyeron la raza superior también sabemos lo que hicieron.

Un campo donde abundan las profecías autocumplidas es el del analisis chartista de las cotizaciones bursátiles o de las criptomonedas. Del mismo modo en que los viejos arúspices leían el hígado de las reses sacrificadas estos modernos profetas creen ver en las gráficas «figuras» y patrones que les permiten anticipar -dicen ellos- el comportamiento de los mercados; una de las figuras más conocidas es la del «doble tope». Se supone que cuando la gráfica hace tope dos veces y baja hasta rebasar la línea que marca el fondo del valle es momento de esperar nuevas bajadas. Esto es el llamado «doble tope», figura que yo, por cierto, veo por todas partes.

Es posible que lo que dicen estos gurús sea absolutamente falso pero es lo cierto que, como muchísima gente cree en ellos, sus profecías se autocumplen y no es infrecuente que cuando los inversores observan la figura de marras se apresuren a obrar en consecuencia.

Esto es muy parecido a lo que ocurre con las supersticiones: dado que el 13 es generalmente considerado como un número de mal agüero en muchos hoteles no hay habitación ni planta 13. Lo del 13, obviamente, es una gilipollez pero, el mero hecho de que lo crea una parte importante de la población, tiene efectos tan curiosos como el que les he citado.

La costumbre de no trabajar un día a la semana es otra de esas profecías autocumplidas, fíjense:

Para los babilonios los días 7, 14 y 21 del mes eran «nefas» (de mal agüero) y, por tanto, inapropiados para llevar a cabo ninguna tarea. A esos días en que no hacían nada por ser de mal agüero les llamaron «shabatu» de forma que los judíos, durante su cautiverio en Babilonia, copiaron la costumbre, la dotaron de origen divino y llamaron Shabat a esos días de forma que, cuando volvieron a su tierra tras el exilio, respetar el Shabat se volvió uno de los rituales clave de su religión, ritual que, luego, fue copiado por otras religiones.

Yo acabo de ver «dos topes» en la gráfica de cotizaciones del bitcoin (igual es imaginación mía o no estoy mirando bien el hígado de la criptomoneda) y he formulado mi pronóstico.

Veremos si se cumple.

Un comentario en “El hígado de las finanzas

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