Sé que muchos ven protestar a los abogados mutualistas e, inmediatamente, argumentan: «si no cotizan a la Seguridad Social que no cobren».

El argumento es tan simple como erróneo.

Déjenme que les cuente una historia.

Desde que Abril Martorell fue ministro con UCD a fines de los años 70 la Sanidad Española se mantiene de los impuestos que pagamos todos los españoles, no de las «cotizaciones de los trabajadores» sino de los impuestos que pagamos todos los españoles, incluidos abogados y procuradores.

Sin embargo, aunque abogados y procuradores pagaban la Sanidad Española con sus impuestos, tenían prohibido el acceso a ella. No solo eso, pagaban los medicamentos a precio de mercado libre. ¿Por qué?

Pues por simple inercia histórica. Como abogados y procuradores pertenecían a Mutualidades y no «cotizaban» en el sentido vulgar de la palabra, aunque el sostenimiento de la Sanidad había pasado a hacerse con el dinero de sus impuestos, a ellos se les mantuvo en la situación anterior como si nada hubiera cambiado: es decir, pagaban la sanidad de todos pero no podían usarla y habían de pagarse ellos su sanidad privada.

Fue en el último año del gobierno de Zapatero (2011) que se advirtió esta flagrante injusticia y se corrigió.

Curiosamente no hubo ninguna protesta seria o irritada de la abogacía, simplemente se aceptaba porque «siempre había sido así».

Cuento esta historia porque ahora, cuando los abogados solicitamos ayudas, algunas personas que parecen más preocupadas de que no cobren otros que de cobrar ellos, vuelven a sacar el mismo argumento: «es que vosotros no cotizáis».

Es la vieja historia y la vieja injusticia una vez más.

Mire, suelo resonder, ¿De qué caja salen las ayudas que usted va a recibir? ¿De su cotización o de los presupuestos generales del estado? Porque, si salen de los presupuestos —como irremediablemente salen— ese dinero también lo han pagado abogados y procuradores.

Viejos esquemas mentales y viejas injusticias mil veces pagadas por abogados y procuradores sin rechistar vuelven a aparecer ahora.

Lo más sorprendente es que, incluso compañeros y compañeras resignados, creen que no hay nada que hacer, que las cosas siempre han sido así.

Pues bien, si admitiésemos eso, aún seguiríamos sin disfrutar de la sanidad pública que nosotros también hemos cooperado a construir y mantener. Porque hay cosas que, aunque «siempre han sido así», siempre fueron una injusticia.

Y, ahora que ya le he contado esta historia, si quiere, siga usted gritando lo de «si no cotizan que no reciban ayudas» pero siga usted gritándolo con consciencia de su falsedad. Aunque creo que esta sea tarea baldía, quien se ocupa no en pedir para sí sino para que excluyan a otro, es dudoso que sea aficionado a la lectura.

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