Hay momentos en que uno no puede evitar sentirse un farsante, un impostor que ocupa un lugar en el que no debería estar.

Cuando premiaron mi post «Ser abogado no es negocio» no pensé que la cosa pasaría de un pequeño premio pero, cuando me dijeron que habría de recogerlo en Salamanca y cuando, después, me pasaron el protocolo del acto, empecé a pensar que se habían equivocado ¿Qué pintaba yo en un acto con el Rector de la Universidad de Salamanca, catedráticos y otras autoridades?

La sorpresa ha culminado hoy cuando he visto que el aula «Francisco Salinas» donde se daban los premios era una de esas históricas aulas ubicadas en las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, esas a las que se entra por la archifamosa portada plateresca en que los turistas buscan afanosamente una rana sobre una calavera.

Hablar en esa sala impresiona, ocho siglos de universidad y cinco siglos de presencias acumuladas en esas aulas impresionan y, ciertamente, cuando me dirigía a recoger mi premio y a dar mi pequeña alocución mi sensación de que yo era un impostor que no debía estar ahí me pesaba como una losa.

Francisco de Salinas, Fray Luís de León, el recuerdo de aquellos versos aprendidos en el bachiller

«El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.»

todo se me mezclaba en la cabeza y de ese caos y del corazón han salido las breves palabras que he podido decir.

Uno a veces sueña con cosas que espera conseguir y yo he soñado muchas, muchas, pero, desde luego, jamás soñé esta.

La última vez que vine a Salamanca yo era un joven estudiante de derecho y todas estas piedras y lugares eran para mí iconos, mitos, símbolos casi sacrales de un mundo del que yo nunca formaría parte.

Hoy, casi cuarenta años después, el destino ha querido que yo haya podido cumplir un sueño que nunca me hubiese atrevido a soñar.

Gracias a todos los que han hecho posible este premio, gracias a los que han considerado que en mi escrito había calidad literaria, gracias al cielo y al destino y gracias a Salamanca.

Mañana hay que volver a casa y al mundo real.

4 comentarios en “Sentirse un farsante

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