La vida de María Leóntievna Bochkariova, más conocida como «Yashka», no fue fácil. Era pobre y era mujer, una mala combinación para una persona nacida en una familia de campesinos de una remota aldea rusa en 1889. Yashka, además, tampoco tuvo suerte con los hombres.

Con dieciséis años de edad dejó su hogar para casarse con Afanasy Bochkariov, con quien se trasladó a Tomsk (Siberia), ciudad donde ambos trabajaron como obreros. Cuando su marido comenzó a abusar de ella lo dejó y comenzó una relación sentimental con Yákov Buk, un hombre del lugar. Ella y Buk establecieron una carnicería pero, en mayo de 1912, Buk fue arrestado por robo y enviado a Yakutsk. Yashka lo siguió al exilio a pie y, en Yakutsk, la pareja estableció otra carnicería. Buk fue sorprendido robando de nuevo y enviado al remoto poblado de Amga en 1913 a donde, una vez más, Yashka lo siguió. Demasiado amor hacia quien no lo merecía, pues pronto Buk comenzó a beber mucho y a abusar de ella tal como lo hiciera años antes su marido Afanasy.

Corría el año 1914 y eran tiempos de guerra, Rusia estaba enfrentada a Alemania y en noviembre de ese año Yashka logró unirse al 25.º Batallón de Reserva del Ejército Imperial Ruso. Los hombres del regimiento la ridiculizaban y la acosaban sexualmente pero cuando, en los años siguientes, Yashka fue herida dos veces y condecorada tres habiendo matado al menos a un soldado alemán en un ataque a la bayoneta, las bromas se acabaron y Yashka impuso su ley. Abdicado el Zar Alejandro, Yashka pidió al ministro de la guerra Kerensky que le dejase formar una unidad de mujeres.

Las cosas iban mal para el ejército ruso, con la revolución triunfando los soldados se negaban a combatir y las autoridades pensaron que, quizá, la formación de unidades de mujeres elevaría la moral de los soldados y avergonzaría a los más cobardes.

Al llamado de Yashka se presentaron 3000 voluntarias pero Yashka era inflexible y sólo admitió a las 300 con mejores condiciones. Tras un intenso entrenamiento el «Primer Batallón de Mujeres de la Muerte» partió para el frente.

En julio de 1917 el batallón estaba atrincherado en las cercanías de Smorgon cuando llegó la orden de asaltar las trincheras adversarias. Los soldados del resto de las unidades vacilaron pero Yashka decidió que sus mujeres cumplirían las órdenes con o sin ellos, de forma que el primero de mujeres cargó a la bayoneta. Tras rebasar tres lineas de trincheras adversarias las mujeres del primero comprobaron que las habían dejado solas y que ninguno de sus compañeros las había seguido. Aferradas al terreno esperaron refuerzos en vano pero nadie les mandó ayuda y finalmente, a la vista de la situación, se retiraron con orden y sin dejar de combatir. Los informes de los oficiales que dirigieron aquella ofensiva dieron muy buena cuenta de lo sucedido.

Pero la revolución triunfaba, los soldados ya no querían combatir y aquellas mujeres obstinadas aparecían más como un estorbo que como otra cosa. Finalmente, hostigadas por sus propios compañeros, el batallón hubo de disolverse.

Sin embargo la fama de aquellas mujeres —y la de varios otros batallones de rusas— se extendió por el mundo (en una de las fotos de este enlace se ve a la política británica Emmeline Pankhurst posando frente a las mujeres del «primero») y Yashka fue llamada desde diversos países. Patrocinada por la millonaria dama Florence Harriman, quien era miembro de la alta sociedad estadounidense, se le dio un encuentro con el presidente Woodrow Wilson el 10 de julio de 1918, en el curso del cual pidió al presidente que interviniera en Rusia. Después de salir de los Estados Unidos, viajó a Gran Bretaña, donde fue recibida en audiencia por el rey Jorge V. El Ministerio de Guerra británico le dio fondos para volver a Rusia llegando a Arcángel en agosto de 1918 donde trató de organizar otra unidad, pero fracasó.

Yashka no era bien mirada por los bolcheviques y, aunque escapó una vez del pelotón de fusilamiento, cuando en 1919 volvieron a capturarla su suerte quedó sellada. El 16 de mayo de 1920 Yashka, la hija de los campesinos, moría fusilada. Tenía solo 31 años.

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