Una propuesta de modelo de organización

No hay nada más político que la forma de organizarse1. Las organizaciones y la topología de sus redes vienen determinadas por la ideología que las inspira. Así, por ejemplo, Timón Cormenin en su libro «De la Centralización»2 afirma:

Así, en la máquina ingeniosa y sabia de nuestra administración, las grandes ruedas impelen a las medianas, las que, a su vez, hacen girar a las pequeñas alrededor de su eje.

El Maire obedece al subprefecto, este al Prefecto, el Prefecto al Ministro.

La red descrita por Cormenin en esta cita es la llamada «red de estrella»3 y responde a la ideología de un administrativista de la época de Napoleón I. Esta red de estrella se ha reproducido mecánicamente desde las antiguas monarquías hasta nuestros días y responde a una concepción de las relaciones entre los nodos de la red estrechamente vinculada con el principio de jerarquía y la creencia en la desigual importancia de los nodos.

Nuestra ley de asociaciones y la mayoría de los modelos de estatutos preparados por los juristas para cumplir con ella responden a este esquema de estrella de forma que, desde el mismo momento de su nacimiento, las asociacioned creadas al amparo de esta ley se organizan en estrella tiñéndose inmediatamente de la ideología que inspira esta particular topología.

Es verdad, pues, que no hay nada más político que la forma de organizarse, por lo que que, si nuestra organización ha de responder a nuestra forma de pensar, habremos de dotarla —necesariamente— de una topología adecuada y que responda a algunos de los principios que nos inspiran, a saber:

  • Que en la res pública de la abogacía todos somos radicalmente iguales.
  • Que todos poseemos las competencias mínimas necesarias para intervenir en el debate y decisión de los temas que nos incumben.
  • Que todos tenemos derecho a decidir si participar o no en el debate y decisión de esos temas.

Tales principios chocan frontalmente con una topología de red de estrella como las antes descritas y no pueden ser incorporados a una organización si esta no se organiza como una red distribuída4, topología esta última que será la que se busque deliberadamente en la propuesta de estatutos que se verá más adelante.

Breve descripción del panorama actual de los movimientos sociales

Para orientarnos dentro del escenario actual de movimientos sociales conviene conocer las principales formas en que estos se están organizando y los principios a que responden esas formas; a este respecto consideraremos las dos formas principales que están vigentes en el siglo XXI: la que responde a la llamada «Teoría de Movilización de Recursos» (TMR) y la llamada teoría de los «Nuevos Movimientos Sociales» (NMS). Resultaría muy interesante también —qué duda cabe— estudiar las formas organizativas de las revueltas agrícolas propias de la era de las monarquías o las formas organizativas del movimiento obrero, propias de la revolución industrial y en muchos puntos vigentes aún hoy en día; pero, considerarlas en profundidad, excede con mucho de la finalidad de estos papeles y las referencias a ellas se harán al hilo de las consideraciones que se hagan respecto de las dos formas organizativas citadas.

Obviaré también el estudio de las formas en que se organizan los partidos políticos pues, estas organizaciones, construidas jerárquicamente en torno a ideologías (meta-relatos universales o discursos emancipadores) hoy en crisis, han visto socavada la identificación de la sociedad con ellos y con las formas organizativas que incorporan5; formas que, por otra parte, adolecen de vetustez extrema.

La TMR

Las organizaciones y asociaciones que responden a la llamada Teoría de Movilización de Recursos, en adelante «TMR» son descritas por Candón Mena6 de la siguiente forma:

La TMR analiza la acción colectiva como creación, pérdida, intercambio o redistribución de recursos, entendidos estos como cualquier bien material o inmaterial reconocido como tal y que es movilizado por los actores para la consecución de sus objetivos. Se centra en la racionalidad, tanto del individuo como del grupo, que se movilizan con fines instrumentales desarrollando estrategias conscientes para conseguir sus objetivos. Su unidad de análisis son las asociaciones como actor principal de los movimientos, en lugar de los individuos aislados protagonistas de los enfoques clásicos. Esto se debe a que los grupos sociales son una forma de limitar los costes de la acción colectiva. Sin embargo, la teoría de la elección racional de Olson puede aplicarse sobre todo a grupos pequeños y encuentra dificultades para adaptarse a grupos multitudinarios como los movimientos sociales. En el caso de grupos grandes que buscan beneficios colectivos, plantea el problema del “polizón”: la posibilidad de que el individuo no participe ya que puede beneficiarse de los resultados de la acción colectiva sin sufrir los costes de su participación individual. Ante esta posibilidad se introduce el concepto de los incentivos selectivos o beneficios individuales que incitarían a los individuos a participar. En general, las TMR comparten unos presupuestos como son la racionalidad de la acción colectiva en base al cálculo de costes y beneficios; la no diferenciación entre acción colectiva institucional y no institucional ya que ambas se inscriben en un conflicto de intereses normalizado; la presencia permanente de estos conflictos, por lo cual la acción colectiva no se explica por los agravios que se originan sino por los cambios en la disponibilidad de recursos, organización u oportunidades; la importancia de las organizaciones formales y centralizadas debido a su mayor eficacia; o la medición del éxito en base a beneficios materiales. A partir de los presupuestos comunes las distintas corrientes de las TMR se diferencian por la importancia dada a cada uno de los factores que hacen posible la movilización. Mientras unos destacan cuestiones relacionadas con los recursos y la organización, desde un enfoque microestructural, otros, desde un enfoque macroestructural, ponen énfasis en factores como la estructura de oportunidades políticas que facilita o dificulta la acción colectiva.

Dado que para significativos representantes de la TMR un movimiento social es una estructura de preferencias de cambio social que requiere de una organización que identifique sus objetivos con estas preferencias y trate de llevar a cabo los objetivos comunes introduciendo el concepto de «organización de un movimiento social» (OMS) aparece inmediatamente una «industria del movimiento social» en donde las diversas organizaciones compiten por los recursos escasos de un mercado de movimientos sociales.

Los ejemplos más conocidos de asociaciones que responden, en todo o en parte, a la TMR serían grupos como Greenpeace, Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, etc. Grupos caracterizados por la existencia de una élite directiva profesionalizada que compite en el mercado de las subvenciones y donaciones con el resto de asociaciones profesionalizadas.

En tales organizaciones el papel de los asociados puede verse reducido, en los casos menos edificantes, a simples provisores de fondos de forma que, en mayor o menor medida, la topología organizativa de estos grupos es, como en las viejas organizaciones, la red de estrella, ocupando el centro de la misma la élite dirigente profesionalizada.

Los NMS

Siguiendo a Candón Mena7 la crisis del Estado del bienestar implica una ruptura del consenso establecido tras la II Guerra Mundial. Los nuevos movimientos sociales ponen de manifiesto la crisis de legitimidad de los partidos políticos y las organizaciones tradicionales y la emergencia de nuevos actores sociales debido a los cambios culturales producidos.

Estos «Nuevos Movimientos Sociales» —en adelante simplemente NMS— como señala Melucci8 tratan de influir en los centros de poder real de las sociedades complejas, centros que no siempre son las instituciones políticas.

Buenos ejemplos de estos NMS serían los movimientos ecologístas, feministas o altermundistas.

Mientras que la TMR presta especial atención al contexto coyuntural en el que surge la movilización y a la forma en que esta se produce los NMS se centran en el contexto macroestructural y en las causas profundas que impulsan a los participantes a la acción colectiva. De acuerdo con Melucci, la teoría de la movilización de recursos responde a la pregunta de “cómo” y “cuándo” surgen los movimientos mientras que el enfoque de los nuevos movimientos sociales responde al “por qué” del surgimiento de la movilización. A pesar de sus diferencias, ambas perspectivas suponen una ruptura con los enfoques clásicos y comparten la consideración de los movimientos formados por grupos organizados cuyos miembros actúan de forma racional. Resaltan la normalidad de estas acciones conflictivas en el marco de una sociedad civil moderna y plural y distinguen entre el nivel manifiesto de la acción colectiva y el nivel latente presente en las organizaciones.

En cuanto a las formas de organización tal y como señala Candón Mena:

…destaca su creciente autonomía en relación a los sistemas políticos institucionales, la independencia respecto a la política convencional, la relevancia de las actividades locales y la preferencia por la actividad de base, con organizaciones basadas en formas de democracia directa. Los nuevos movimientos más que por organizaciones formales están protagonizados por redes o áreas de movimiento, como una red de grupos que comparten una cultura de movilización y una identidad colectiva. Incluyen no sólo las organizaciones formales sino también las relaciones informales que conectan a individuos y grupos. Los movimientos como tal se mantienen como una red de pequeños grupos inmersos en la vida cotidiana donde los participantes experimentan la innovación cultural y se movilizan para fines específicos. Son redes que propician la asociación múltiple, la dedicación a tiempo parcial y el desarrollo personal y la solidaridad como condición para participar. Son por tanto “redes sumergidas” que se mantienen en estado latente y que adquieren visibilidad en la movilización. Esta forma de organización no es instrumental, sino un objetivo en sí mismo, la forma del movimiento es su mensaje y constituye un desafío simbólico a los patrones dominantes. La elección de los medios de lucha constituye una finalidad política en sí misma. Los canales de participación cuestionan la democracia representativa buscando intervenir en la vida política por otras vías, como el recurso a los tribunales. Se tiene preferencia por formas de acción colectiva no convencionales como la desobediencia civil. La acción colectiva se dirige cada vez más a concienciar a la opinión pública a través de los medios de comunicación. Por último, la globalización facilita una mayor cooperación y relación entre grupos diversos que establecen alianzas estratégicas para enfrentarse a un enemigo común y construyen identidades comunes a nivel global.

La red distribuida y las redes de telecomunicaciones como paradigma organizativo

Toda la teoría de los movimientos sociales —incluídos los NMS— comienza a gestarse antes de la revolución informacional que, desde los años 90 del siglo pasado, domina el panorama social y por supuesto mucho antes que las llamadas «Redes Sociales» dejasen sentir su influencia social, cultural y política.

Los movimientos sociales que antes usaban la red como herramienta ahora nacen en la red y es la infraestructura que esta les facilita la que les permite organizarse y coordinar sus acciones. El sistema nervioso de los movimientos sociales de la era de la información es la red, la cual forma parte de su ADN como organización y es por eso que la organización jacobina, jerarquizada, centralizada, de red de estrella, choca con las formas organizativas que la red suministra por defecto: una red mallada, distribuida, no jerarquizada y sólo sometida a los designios —no siempre bondadosos ni bienintencionados— de los propietarios de la infraestructura.

Principios antes desconocidos para los movimientos sociales, pero conectados con la sociedad de la información son ahora populares y cabe plantearse cuál es la forma organizativa que debería adoptar una asociación que pretenda, desde la radical igualdad de sus miembros (nodos), estar abierta a incorporar cuantos nuevos principios estos estimen pertinentes.

A mi juicio el único modelo organizativo posible es el de red distribuida, desplegado de forma neutral y apto para, a través de la formulación de los protocolos correspondientes, implementar las funcionalidades que se estimen precisas. Esto no es más que una copia del principal modelo de éxito de la sociedad de la información: la red internet. Sobre una infraestructura de red de comunicaciones se establece unos protocolos de comunicación (TCP/IP) y sobre ellos otros protocolos permiten utilizar esa infraestructura de las más diversas formas: a través del Protocolo de Transferencia de Hipertexto (HTTP) se puede construir la web, pero también se puede construir un Protocolo de Transferencia de Archivos (FTP) o cualquier otra funcionalidad que se desee.

En esta propuesta de estatutos se pretende tan solo establecer la infraestructura de una red de pares, una red de iguales, una red que ni esté controlada por nadie ni pueda ser controlada por nadie y que responda de este modo a los principios de igualdad radical que hemos proclamado.

La red, así definida, no es nada; pero sobre ella pueden construirse cuantas iniciativas se deseen. Ese será el trabajo futuro, en edte documento sólo se pretende poner los cimientos.

Los órganos de la red

Una red distribuida no es un conjunto de nodos sin más; tan importantes como los nodos son los enlaces y hay una serie de órganos que, presentes en toda red de comunicaciones, serán los que utilizaremos para llenar las exigencias que la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación, impone a todas las asociaciones.

  1. La totalidad de la red se identifica con la Asamblea General que componen la totalidad de los nodos (miembros) de la red.
  2. El organo de direccionamiento (router) es el encargado de dirigir el tráfico de información de la red. Este órgano guarda un listado de los nodos (censo de socios) y la forma de acceder a ellos. Su labor no es exclusiva y puede ser llevada a cabo por cualquier nodo de la red (somos personas y enrutar se nos da muy bien) pero él es el obligado a hacerlo si nadie más lo hace.
  3. La ley obliga a tener un representante que en realidad no es más que la interfaz de la red. Es en realidad un periférico —coml el monitor lo es al ordenador— que permite introducir y extraer información de la red cuando la ley lo exija pero no hace más que eso. Recibida una información la entrega a la red y no puede facilitar otra información que la que la red previamente le suministre.
  4. Los órganos administrativos que la ley exige, en una red de telecomunicaciones —y en nuestra red— se llaman órganos de gestión, de seguridad y de supervisión. Carecen absolutamente de discrecionalidad y se limitan a cumplir y ejecutar las tareas que la red les encomiende.
  5. La red se comunica con el exterior con órganos periféricos, del mismo modo que un ordenador se conecta con el exterior a través de dispositivos llamados también «periféricos». Impresoras, altavoces, monitores, ratón… etc. no son más que dispositivos que permiten a la CPU conectar con el exterior. Todos los nodos de la red son Unidades Centrales pero también periféricos en la medida que reciben, procesan y distribuyen información. No obstante pueden crearse órganos periféricos de la red que realicen este tipo de funciones a conveniencia.

Nuestra red, pues, es una red de pares, de nodos iguales jerárquicamente y que toma las decisiones con participación de todos los nodos que pueden usar, delegar o no usar sus derechos discrecionalmente y esta es la estructura asociativa que comunicamos a la administración.

Parece poco pero esta topología ha demostrado ser capaz de soportar las más complejas arquitecturas funcionando sobre ella. No hay misión, objetivo o tarea que no podamos afrontar con ella (de hecho ya lo hacemos) y su reticularidad siempre nos garantizará que todos podrán cooperar si lo desean, consiguiendo de esta forma aprovechar al máximo el único recurso que tenemos: las abogadas y abogados que forman este colegio invisible.


  1. BENNETT, W.L.(2003). Communicating Global Activism: Strengths and Vulnerabilities of Networked en Information, Communication & Society, vol.6(2), págs.143-68. Citado en CANDÓN MENA, J. (2011). Internet en movimiento: nuevos movimientos sociales y nuevos medios en la sociedad de la información, pág. 289. ↩︎
  2. LAHAYE CORMENIN, L.M. De la centralización (Madrid 1843). Edición en español traducida del francés por D.R.S. y F.C. Pág. 46. ↩︎
  3. La topología física de una red es la disposición geométrica real de las estaciones de trabajo. En la topología, por ejemplo, de la red de bus, cada estación de trabajo está conectada a un cable principal llamado bus. Por lo tanto, en efecto, cada estación de trabajo está conectada directamente a cada otra estación de trabajo de la red. En la topología de red en estrella (la que nos ocupa), hay un ordenador central o servidor al que todas las estaciones de trabajo están conectadas directamente. Cada estación de trabajo está indirectamente conectada entre sí a través de la computadora central. (Parafraseado de «SearchDataCenter en español» consultado el 16/03/2019 en https://searchdatacenter.techtarget.com/es/definicion/Topologia-de-red ↩︎
  4. Una red distribuida es una topología de red caracterizada por la ausencia de un centro individual o colectivo. Los nodos se vinculan unos a otros de modo que ninguno de ellos, ni siquiera un grupo estable de ellos, tiene poder de filtro sobre la información que se transmite en la red. Desaparece por tanto la divisoria entre centro y periferia característica de las redes centralizadas y descentralizadas. (Red distribuida. Sin fecha. En Wikipedia. Recuperado el 16/03/2019 en https://es.m.wikipedia.org/wiki/Red_distribuida ↩︎
  5. BENNETT, W.L. (op. Cit.) ↩︎
  6. CANDÓN MENA, J. (2011). Internet en movimiento: nuevos movimientos sociales y nuevos medios en la sociedad de la información, pág. 35. ↩︎
  7. Candón Mena, J. (Op. Cit.) pág. 50. ↩︎
  8. MELUCCI, Alberto. (1989). Nomads of the Present. Philadelphia, Temple University Press.–(1994). Asumir un compromiso: identidad y movilización en los movimientos sociales en Zona Abierta Nº 69. Págs. 153-180.–(1996). Challenging Codes. Cambridge, Cambridge University Press.–(1999). Acción Colectiva, Vida Cotidiana y Democracia. México, El Colegio de México.–(2001). Vivencia y convivencia. Madrid, Trotta. ↩︎

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