Los chimpancés, los humanos y el «efecto dotación»

El ojo del chimpancé también engorda el caballo. El «efecto dotación» (endowment effect) es la hipótesis según la cual las personas atribuyen más valor a las cosas únicamente por el hecho de poseerlas. Sí, aunque usted no lo crea, su valoración de las cosas depende de su punto de vista: si es usted el propietario las cosas poseídas valen más. En un experimento famoso Daniel Kahneman, Jack Knetsch y Richard Thaler, tres reputados científicos en este campo, entregaron a los participantes una taza y luego les ofrecieron la oportunidad de venderla o cambiarla por una alternativa igualmente valorada (plumas). Descubrieron que la cantidad que los participantes necesitaban como compensación por la taza —una vez que se había establecido su propiedad de la taza (“disposición a aceptar”)— era aproximadamente el doble de la cantidad que estaban dispuestos a pagar para adquirir la taza (“disposición a pagar”).

Este «efecto dotación» parece estar relacionado con la llamada «aversión a la pérdida»; es decir, a la fuerte tendencia de la gente a preferir evitar pérdidas monetarias antes que conseguir ganancias monetarias equivalentes.

La aversión a la pérdida forma parte de la teoría prospectiva (o de las perspectivas), desarrollada en 1979 por los psicólogos Daniel Kahneman (premio Nobel de Economía en 2002) y Amos Tversky. Sus estudios sugieren que las pérdidas son valoradas psicológicamente entre 1,5 y 2,5 veces más intensamente que las ganancias.

Imagine que le propongo un juego de azar: lanzaré una moneda al aire, si sale cara usted ganará 1000€ pero, si sale cruz, usted deberá pagar 800€. Piense que haría usted.

Si su opción es no jugar y no arriesgarse a perder 800€ sepa que está usted del lado de la inmensa mayoría de los humanos y los estudios así lo demuestran porque es un instinto humano este de la aversión al riesgo… ¿humano he dicho?.

Somos lo que somos tras un largo proceso evolutivo en algún momento del cual han aparecido las emociones o instintos que nos gobiernan y, si eso es así, es posible que encontremos en el resto de los animales esos mismos instintos en mayor o menor medida.

Orgullo, empatía, reciprocidad, son pulsiones que los seres humanos equipamos de fábrica pero que también equipan a una buena cantidad de animales sociales y este «efecto dotación», como era esperable, también ha sido detectado recientemente en los chimpancés: ellos tampoco cambian lo que tienen por bienes de valor similar.

En fin, cuando usted se enfade frente a una situación injusta, piense que su enfado es consecuencia de millones de años de evolución que han dotado de tales pulsiones a la especie humana. Averiguar por qué la evolución nos dotó de tales pulsiones, cómo caracterizó sus detonantes y catalizadores, como moderó y moduló su intensidad y efectos y como —todo ello— nos confirió ventajas evolutivas, es un trabajo apasionante y que nos acerca más a un verdadero derecho natural que decenas de tratados filosóficos.

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