Mater tua mala burra est

Me ha dicho la doctora que no debo abusar de la fruta y que debo atenerme en exclusiva a las peras y a las manzanas y en cantidad no superior a la de una pieza al día, y a mí, naturalmente, esto me parece muy mal.

Si bien lo piensan ustedes ¿han visto alguna vez un bodegón más apetitoso que el que pinta frutas en sazón? y, por otra parte, ¿qué se comía en el paraíso terrenal sino frutas de toda clase?.

El paraíso terrenal de cada cultura nos dice mucho sobre ella y el carácter de sus hombres y mujeres. Para los incívicos germanos (aka “bárbaros del norte”) el paraíso era un cerdo inmenso que jamás se acababa, por más que se cortasen de él raciones. Para los viejos egipcios, en cambio, el paraíso eran los llamados “Campos de Juncias de Osiris” pero, para los mediterráneos, el paraíso terrenal es un lugar donde, mayoritariamente, se come fruta; y no sólo para los cristianos, que, en el Barrio del Foro Romano de Cartagena, ya tengo yo muy vista una cornucopia o cuerno de la abundancia del cual manan frutas sin cuento y atestigua que la abundancia y las frutas siempre han ido de la mano.

Pienso esto y pienso, además, que, siendo a mi juicio la manzana la menos sabrosa de las frutas del huerto, es raro que se la use como símbolo de la atracción pecaminosa… aunque, ciertamente, debo decir para quien no lo sepa, que lo que comieron Adán y Eva en el Paraíso Terrenal no fue un vulgar pero (como un grosero error de traducción nos ha hecho creer) sino unas bayas (las drakeas, draksas o drakias de los gitanos —uvas— cuya raíz etimológica está en la base del fruto del que habla el Génesis).

Lo malo de las manzanas es que en latín se llaman «malum» y el juego de palabras, y los errores, están servidos (¿quién no recuerda aquella delirante frase latina de «mater tua mala burra est» de dificilísima traducción y que significa algo totalmente diferente de lo que parece significar?) y fue así, por lo “malus”, por lo que acabaron entrando en la historia la manzana, Adán, Eva y la bicha.

En fin, hoy voy a atenerme a la manzana, aunque solo sea porque algo de picarón si deben tener cuando los romanos —siempre los romanos— llamaron “manzanas” a lo que nuestros vulgarotes chaveas llaman “las peras” y, porque, si en roma una chica le tiraba los tejos, los trastos o los tiestos, a algún joven, un romano diría que “le está tirando las manzanas”.

Malum, malum, malum…

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